blog sobre filología actual en lengua hispana

del latín philologĭa, y éste del griego φιλολογία
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El castellano cambia de cuna (Miguel A. Vergaz)

El Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, avalado por la Real Academia Española, presenta documentos del siglo IX que resitúan el origen del nacimiento del idioma.

El primer testimonio escrito del castellano retrocede dos siglos atrás en el tiempo, del XI al IX, y viaja de La Rioja a Castilla y León. Así lo demuestra un estudio sobre los manuscritos de Santa María de Valpuesta (Burgos), que cuenta con la bendición de la Real Academia Española (RAE) y que, en la práctica, dinamita el ya cuestionado mito de las Glosas Emilianenses como primer texto y San Millán de la Cogolla (Logroño) como cuna del castellano.

La investigación acredita que en este monasterio de Valpuesta, a 90 kilómetros de la capital burgalesa, se encontraron los documentos más antiguos (del siglo IX) que incluyen términos en castellano, en oraciones en las que el latín iba desapareciendo y se apreciaba el orden lógico del nuevo idioma.

Estos escritos eran conocidos como Cartulario de Valpuesta y el historiador clásico y de referencia de la lengua, Ramón Menéndez Pidal, ya los mencionaba en su estudio Orígenes del Español. Sin embargo, la presencia de falsificaciones entre los más antiguos, con las que los monjes simulaban tener privilegios reales que, en verdad, nunca les habían sido dados, hicieron que los estudiososmiraran con desconfianza todo el conjunto de legajos.

Ahora filólogos y paleógrafos del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua han apartado las falsificaciones –tres en total– y han acreditado la validez de los 184 documentos restantes.

La RAE ha coeditado en dos lujosos volúmenes Los becerros góticos y Galicano de Valpuesta, que recoge el estudio, con una tirada de 2.500 ejemplares. La presentación tendrá lugar el próximo 12 de noviembre en la sede de la Academia en Madrid.

Su vicedirector, José A. Pascual, da por seguro en el prólogo «el consenso entre filólogos e historiadores, en cuanto a que acerca mucho el trabajo a lo que se entiende por definitivo». Pascual entiende que el fondo valpostano permite «saber en qué fase se encontraba el latín a su paso al romance castellano» y extrae algunos ejemplos como plumazo (una primera acepción de colchón en el año 935), matera (madera) en el 940 o corro (corral) en el 975.

Los fondos de Valpuesta constan de ocho documentos del siglo IX, 39 del X, 49 fechados en el XI, 90 en el XII y uno del XIII, y consisten, sobre todo, en escritos que registran donaciones de bienes materiales (ganado, tierras o enseres) de particulares al monasterio a cambio de bienes espirituales como un entierro en su suelo o misas en su memoria.

Los escribientes de aquella época intentaban plasmar los acuerdos en latín. Pero Gonzalo Santonja, director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y filólogo, señala que ese latín «estaba tan alejado de la rectitud, presentaba un estado tan evolucionado o corrompido» que, asegura, «se puede concluir que la lengua de los becerros de Valpuesta es una lengua latina asaltada por una lengua viva, de la calle y que se cuela en estos escritos».

La investigación de estos documentos supone, más que la mera constatación de la presencia de una serie de palabras en castellano primitivo cuyas variaciones hoy todavía se utilizan, la existencia en el siglo IX de «un orden que ya no es del latín, sino el de la lengua romance».

El hallazgo tiene repercusiones políticas y académicas. Valpuesta adquiere una nueva dimensión legitimadora para Castilla y León, comunidad invitada este año en la prestigiosa Feria del Libro de Guadalajara y a ella asiste como lugar de origen de la lengua común.

Un título que todavía ostenta La Rioja gracias a las anotaciones manuscritas de San Millán de la Cogolla en las que se halló el considerado hasta hoy como primer testimonio del romance hispánico.

- Las pesquisas de una investigación.

Lejos de tratarse de un secreto, el proceso de estudio realizado a instancias del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua ha dado lugar a numerosos encuentros de especialistas en historia y filología de universidades españolas y extranjeras desde hace cinco años.

Burgos capital acogió el último de ellos, el pasado 25 de octubre, pero la verdadera prueba de fuego de las bases del trabajo que se presenta esta semana se remonta a una convención en Miranda de Ebro en 2008.

En ella participó una veintena de expertos que asistieron a la primera exposición en profundidad de estos hallazgos. Después de realizar distintas observaciones, al final los consideraron válidos.

Ahora, el ciclo se cierra. Las conclusiones ya están editadas en dos volúmenes. El primero incluye el trabajo de José María Ruiz Asencio, catedrático de Paleografía de la Universidad de Valladolid y una de las mayores autoridades en escrituras visigóticas. Junto con sus colaboradores Irene Ruiz Albi y Mauricio Herrero Jiménez, Asencio describe, data, traduce y contextualiza los documentos de Valpuesta. Lo hacen, además, fijándose especialmente en el léxico para facilitar el futuro uso de los filólogos.

El segundo de los volúmenes recoge la reproducción fotográfica de los documentos originales con los que se ha trabajado para despejar cualquier duda sobre las conclusiones.

Según Santonja, este trabajo representa «el comienzo» de una profunda labor de estudio del Instituto en otros lugares de referencia en Castilla y León, como los municipios Sahagún y Oña, en León y Burgos.

Filología e investigación (Anna Alberni)


La filología es la ciencia que se ocupa del estudio y la reconstrucción de los textos, generalmente del pasado, con el fin de proponer su lectura para el presente.

El trabajo del filólogo consiste por encima de todo en editar un texto respetando al máximo la voluntad del autor, por muy lejana que ésta pueda parecer (piénsese por ejemplo en la Ilíada, en los textos sagrados, en la poesía medieval...). Para conseguirlo, la crítica textual se sirve de una serie de operaciones de tipo lógico cuyos resultados hay que interpretar a la luz de disciplinas auxiliares como la codicología, la historia o la lingüística, entre muchas otras. El trabajo finaliza con la formulación de una hipótesis crítica de reconstrucción del original, hipótesis que aspira a ofrecer un texto tendencialmente limpio de errores, y que se presenta acompañada de todas las pruebas y argumentos que han dado pie a las decisiones tomadas ante cada encrucijada interpretativa.

La investigación en filología, y en las humanidades en general, consiste no tanto en explicar la realidad formulando leyes cuya validez puede ser repetidamente refrendada, como en tratar de comprender otro tipo de realidad: la producción intelectual y artística del hombre, mediante su descripción e interpretación.

El instrumento que permite hacer inteligible este trabajo, claro está, es el lenguaje: en primer lugar, la propia lengua, y luego todas las lenguas de cultura, vivas o extinguidas, que sean pertinentes para cada objeto de estudio. Nada de esto sería posible sin una paciente acumulación de saber, algo que cada vez tiene menos peso en nuestra sociedad.

Tal vez por ello los organismos destinados a diseñar los mapas de la investigación del futuro tienden a considerar poco sexy la filología, alegando falta de innovación o, en la jerga al uso, poca vocación por traspasar las fronteras del conocimiento.

Y sin embargo, el valor de las humanidades reside precisamente en su capacidad infinita de conocer, de sobreponer estratos de conocimiento nuevo al saber del pasado, sin pereza intelectual y sin escatimar esfuerzos de ningún tipo.

Fijar un texto y darlo a conocer bajo una nueva luz significa salvarlo del olvido, del expolio, de la desintegración.

Gracias a ello, podemos beneficiarnos del goce estético o el enseñamiento contenidos en las grandes obras de la literatura y del pensamiento. Pero el valor de la filología para la sociedad va mucho más allá: sólo su invisible pero eficiente andamiaje verbal puede dar al hombre el poder de leer con criterio, con plena conciencia de la carga de significado y tradición cultural que se esconde en cada palabra y cada idea transmitida.

Y es que una actitud informada y crítica es sin duda el mejor antídoto que tiene la humanidad contra la anestesia paralizante de la desmemoria o la amenaza del pensamiento único.

En un mundo como el actual, dominado por la lógica implacable y dura del crecimiento económico y tecnológico, la filología tiene un papel más decisivo que nunca: el de salvarnos las palabras y su poder civilizador.

Al margen de banderas y ciclos electorales, esta debería ser una de las bases irrenunciables de todo programa político que se quiera responsable.

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